85.000 millones de euros. Sí, no se nos ha escapado ningún cero. Ese es el coste anual del llamado cibercrimen según el informe Norton 2012 que acaba de publicarse. El equivalente al consumo de comida rápida en Norteamérica a lo largo de un año. Para llegar a esta cifra, se ha tomado una muestra de 13.000 internautas en 24 países, y se han sumado los costes financieros directos y las pérdidas como consecuencia de los incidentes asociados como el fraude, el robo y las reparaciones. 

Cada segundo, 18 adultos se convierten en víctimas de este tipo de delitos, lo que suma más de un millón y medio de personas por día que pierden unos 152 euros de media por este motivo en todo el mundo. Utilización online de tarjetas de crédito, phishing, cuentas pirateadas, usurpación de personalidad en redes sociales, ciberacoso… ¿Han sido ustedes objetivo de alguna de estas prácticas? ¿Conocen a alguien en su entorno? Seguro que a alguna de estas dos preguntas la respuesta es positiva ya que se estima que, en los últimos 12 meses, unos 556 millones de personas se han visto expuestas a estos delincuentes 2.0, una cifra que supera al total de la población de la Unión Europea. Es decir, el 46% de los internautas ha sido víctima del cibercrimen en los últimos 12 meses.

Respecto a informes anteriores, destaca el aumento y proliferación de técnicas delictivas vinculadas a las redes sociales y los dispositivos móviles. Y es que hasta los malos son conscientes del espectacular auge de estas plataformas. Miren a su alrededor: Una de cada cinco personas de las que se encuentran con usted en la oficina ha sufrido ataques a su dispositivo móvil (envío de sms fraudulentos) y, en redes sociales, el porcentaje casi se duplica. El perfil del 15% de los usuarios de redes sociales ha sido hackeado y se ha usurpado su identidad y 1 de cada 10 usuarios de redes ha sido víctima de scam o enlaces falsos.

“Los ciberdelincuentes están cambiando sus tácticas para dirigir sus ataques a plataformas móviles y sociales en crecimiento donde los consumidores son menos conscientes de los riesgos”, señala Roberto Testa, Consumer Iberia Marketing Manager de Norton. A pesar de que la gran mayoría de los usuarios considera que las redes sociales son un nuevo campo lleno de posibilidades para delinquir, solo uno de cada dos utiliza una solución de seguridad o la configuración de privacidad para controlar qué información comparte y con quién.La mayoría de los internautas toma las medidas básicas para protegerse y resguardar su información personal, eliminando correo sospechoso y siendo cuidadosos con la información que comparte. Sin embargo, otras precauciones fundamentales son ignoradas, ya que el casi la mitad no utiliza contraseñas seguras (por mucho que nos empeñemos 12345, “qwerty” o “password” no son una opción original) o no las cambia con frecuencia, y más de un tercio no confirma si el icono del candado en el navegador está activo cuando introducen información relevante como los datos bancarios.

Antes, los virus o el malware eran mucho más incordiosos y visibles, pero los nuevos programas maliciosos son discretos pero no menos nocivos y más de la mitad de los usuarios no está seguro de que sus equipos estén sanos y salvos.

B2B International y Kaspersky Lab alertan de los peligros para las empresas. A pesar de que el 20% de las españolas ha perdido información corporativa tras la desaparición o robo de dispositivos móviles, siguen permitiendo el acceso a sus recursos sin restricción alguna para sus empleados desde sus smartphones, tabletas y portátiles, por lo que urge adaptar la seguridad a este nuevo entorno corporativo y establecer protocolos estrictos de obligado cumplimiento.

Hoy, muchas empresas cuentan con una infraestructura de dispositivos (ordenadores de sobremesa, gadgets de los trabajadores, smartphones corporativos y portátiles) que permiten el acceso a recursos online para intercambiar información corporativa. Vanessa González, directora de comunicación de Kaspersky Lab Iberia sostiene que “esto ofrece una mayor flexibilidad pero también crea una mayor vulnerabilidad para el cibercrimen”.

Nuestras cuentas de correo electrónico, especialmente las personales, suelen ser la llave de acceso a una ingente cantidad de información ya que a través de ellas recibimos o almacenamos fotografías, documentos o mensajes profesionales, datos bancarios o contraseñas para otras cuentas o servicios en la red. Si las protegemos con claves complejas que cambiamos frecuentemente, seremos mucho menos vulnerables. Es un sencillo y buen comienzo.